| Historia y Agradecimientos |
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Nací en La Habana pero resido en España desde 1961. Entre Madrid y Colombres (Asturias) que es donde habían vivido mis abuelos. Para poder hacer frente a este reto, asistí durante 4 años al estudio de un Pintor maravilloso al que apreciaba y cuya desaparición he lamentado mucho. Aun en su ausencia confío en seguir mejorando siempre. Como homenaje a su memoria os invito a visitar esta página:
También quiero aprovechar esta página para agradecer a todos los amigos que me animan y apoyan. Creo que no hubiera podido hacerlo sin ellos.
Ahora él ya no está conmigo, desde Nochebuena. Nunca le olvidaremos los que le conocimos. ¡¡ Le amaré siempre!! 24 de Diciembre de 2006
![]() EL ADIOS En verdad el "adios" no existe si se dice entre dos que fueron uno, es una palabra sin sentido, porque en el mundo real del espíritu solo hay encuentros y nunca despedidas y porque el recuerdo del ser amado crece en el alma con la distancia como el eco en las montañas del crepúsculo. A D.Antonio Casares por su poema:
ALQUIMIAS DE MARÍA ELENA TOLOSA
María Elena Tolosa nos devuelve al comienzo, al momento en que nada había sido pintado, como si el mundo comenzara en cada lienzo y todo lo que pinta pareciera soñado.
Las cosas aparecen en su estado más puro: el pan sobre la mesa humilde y cotidiana, la flor en la ventana, la hiedra sobre el muro, el muro sobre el prado azul de la mañana, el sol en lo más alto de un cielo de zafiro, la piedra en el camino por el que nadie pasa, el sendero que evoca el último suspiro del amor, este río, esa calle, aquella casa, la iglesia solitaria allá en el altozano, el monte que se yergue, el valle que se ahonda, ese instante perfecto que ha captado su mano, el pájaro fugaz que canta entre la fronda. ¿Quién pinta como ella aquello que desea: el mar como un enigma resuelto en oleaje, la lírica quietud de la olvidada aldea, la hermosura inefable del místico paisaje de Asturias, esos pueblos que ya nadie visita, las playas abrazadas por la luz o la bruma, el mar como un heraldo de música infinita que lenta se deshoja en pétalos de espuma? ¿Quién pinta el mar furioso rompiendo en los cantiles sus copas de cristal? ¿y quién da a los colores -azules, blancos, rojos, grises, verdes, añiles- esos toques sutiles de los grandes pintores? ¿Quién no ve a Zurbarán al ver sus bodegones? ¿Quién no ve en ella huellas del alma velazqueña? ¿Quién no siente del arte las hondas emociones al mirar lo que mira sin saber si lo sueña? Sólo ella -pinte o sueñe- conoce los secretos ocultos a los ojos ciegos de los profanos, sólo ella capta aquello que ocultan los objetos y sabe desvelar los últimos arcanos. Los arcanos que sólo conoce el alquimista que busca en lo que ve una oculta armonía, el acorde profundo que el alma del artista escucha en la materia y convierte en poesía. Estos versos quisieran celebrar el poema que hay en la pintura sutil de esta pintora que ha sabido expresar la hermosura suprema del pájaro que canta o la fuente que llora. Celebrar el que existan personas como ella, capaces de sentir y de decir lo sentido y dejar de su arte esa indeleble huella que no podrá borrar la muerte o el olvido. Celebrar la belleza que descubre y comparte con nosotros como se comparte una rosa. Celebrar el milagro de que exista ese arte que siempre nos regala María Elena Tolosa.
(Santander, 5 de junio de 2007) ANTONIO CASARES
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